miércoles, 14 de noviembre de 2012
Enferma por la impotencia.
Impotencia, dolor, resentimiento, siento que lo tengo todo y al momento ese todo desaparece, me encuentro sola en una habitación oscura, pensando que es lo que habré hecho mal. Intento levantarme, pero me flaquean las piernas y vuelvo a caer, me ahogo en mis pensamientos, una vieja mata me agarra del tobillo impidiéndome salir a respirar a la superficie. Los tiburones ansían comer, y me van devorando poco a poco y de la manera más dolorosa, empezando por el más mínimo detalle y acabando por dentro de mí.
Cuando por fin consigo salir de ese pequeño pero doloroso percance, vuelvo a la normalidad, mi cuerpo se regenera en decimas de segundos, pero dejando secuelas atrapadas en el interior, invisibles a simple vista, pero igual de dolorosas que antes.
La gente se piensa que soy la misma chica risueña de siempre, y cada persona se va inventando una nueva faceta sobre mí, se piensan que nada me hace daño, que soy fuerte, y incluso a veces, que hasta me pueden manejar, y solo por el simple hecho de constar del don de la falsa sonrisa. Hasta que al final, todas las emociones se juntan y exploto, vuelvo a caer en ese pozo de agua plagado de tiburones. Y otra vez empieza mi sufrimiento…
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario